Volver a las guías
Aprendizaje y DesarrolloPublicado el 26 de agosto de 20263 min de lectura

Elegir la actividad adecuada: por qué la experiencia importa más que el deporte

Descubre por qué la mejor elección de actividad extraescolar para tu hijo depende menos de la actividad concreta y más de la experiencia psicológica y del entorno en el que se encuentra.

Niños participando en una actividad colaborativa en grupo en un entorno moderno y bien iluminado.

Cada mes de septiembre, la misma escena se repite por toda Marbella. Los padres van con prisas desde la salida del colegio hasta los campos de fútbol , clubes de tenis, estudios de danza y escuelas de música. Los niños prueban actividades que nunca antes habían practicado.

Para muchas familias, este es uno de los momentos más emocionantes del curso escolar. Para otras, pronto se vuelve abrumador, no porque no haya suficientes opciones, sino porque hay demasiadas. A los padres de hoy no les cuesta encontrar actividades. Les cuesta reconocer cuál encaja con su hijo. Esa diferencia lo cambia todo.

La pregunta que casi todo el mundo plantea mal

La mayoría de los padres empiezan con la que parece la pregunta más obvia: «¿Qué actividad debería hacer mi hijo?». El problema es que esta pregunta da por hecho que la decisión consiste en elegir la actividad. En realidad, no es así.

Imagina que le preguntas a un médico: «¿Qué medicamento es mejor?» antes de explicarle la enfermedad. No puede responder a la pregunta porque el objetivo aún no está claro. Elegir actividades extraescolares funciona de forma muy parecida. Un niño tímido de siete años, uno enérgico de diez y un adolescente que acaba de mudarse a Marbella no buscan la misma experiencia, aunque todos terminen jugando al tenis. La pregunta más acertada no es «¿Qué actividad es mejor?», sino «¿Qué tipo de experiencia necesita ahora mi hijo?».

Las actividades no cambian a los niños. Las experiencias, sí.

Piensa en tu propia infancia. Probablemente no recuerdes cada ejercicio de fútbol, cada ejercicio de piano o cada clase de natación. Lo que permanece contigo son los momentos cargados de emoción: el entrenador que creyó en ti, el profesor que te hizo sentir capaz, el compañero de equipo que se convirtió en amigo para toda la vida o el día en que por fin conseguiste hacer algo que solo una semana antes parecía imposible.

Los niños recuerdan las experiencias con mucha más claridad que los programas o los planes de clase. Por eso, dos niños pueden asistir exactamente a la misma clase de tenis y salir con opiniones completamente distintas. Uno está deseando volver. El otro decide que el tenis, sencillamente, «no es para él». Los adultos suelen culpar a la actividad cuando, en realidad, la diferencia suele estar en cómo vivió cada niño el entorno.

Lo que la ciencia lleva décadas diciendo

Una de las teorías más influyentes de la psicología motivacional moderna es la Teoría de la Autodeterminación, desarrollada por los psicólogos Edward Deci y Richard Ryan. Tras décadas de investigación en los ámbitos de la educación, el deporte infantil y el apoyo al desarrollo infantil, llegaron a una conclusión sorprendentemente consistente: los niños mantienen su interés cuando se satisfacen tres necesidades psicológicas. Necesitan sentir que cada vez son más capaces, que forman parte del grupo y que sus decisiones importan.

Fíjate en lo que no aparece en esa lista. No se menciona el fútbol, la natación, la música ni la danza. La investigación no afirma que una actividad sea por naturaleza más motivadora que otra. En cambio, sugiere que la motivación surge de la calidad de la experiencia. Un niño puede perder el interés en un club de fútbol y enamorarse del deporte después de cambiar de entrenador. Del mismo modo, un profesor de música que inspire puede transformar por completo la actitud de un niño hacia las clases de instrumento.

Esto cambia el papel de los padres. El objetivo ya no es identificar la «mejor» actividad. El objetivo es encontrar el entorno en el que la motivación tenga más posibilidades de crecer.

Más guías